En muchos estudios, arquitecto y arquitecto técnico no son necesariamente dos personas distintas con funciones que nunca se cruzan: hay profesionales que ejercen ambas actividades, y equipos donde varios perfiles se combinan según el proyecto.
Cada línea que dibujas en un plano —cada arco, cada muro, cada ventana— lleva dentro no solo una idea sino una promesa. Promesa a quien te encarga la obra. Promesa a quienes vivirán dentro. Promesa al tiempo. Pero una promesa puede desmoronarse si un cálculo falla, un error de comunicación… o un imprevisto. Por eso, tan crucial como el talento para concebir espacios es tener un escudo invisible que proteja tu labor: un seguro.
Ser arquitecto implica una gran responsabilidad. No solo se trata de diseñar espacios funcionales y estéticamente atractivos, sino de garantizar la seguridad y bienestar de quienes habitarán o utilizarán esas construcciones. Un error, una omisión o una negligencia pueden ocasionar daños a terceros, ya sean clientes, proveedores, trabajadores o personas ajenas a la obra....
Hoy vamos a discernir cual es la garantía principal y qué debemos mirar en nuestro seguro para que nuestra actividad esté bien cubierta, sin exclusiones que nos dejen...